"Gustad y ved lo bueno que es el Señor" Salmo 34 (33) - CATOLIN

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"Gustad y ved lo bueno que es el Señor"
Esta palabra, en la Biblia griega de los LXX, traduce el vocablo dókimos, termino técnico para decir que una moneda es buena o tiene valor, y en relación con las personas la palabra dókimo, es decir probado, se refiere a personas que gozan de un reconocimiento general, porque son dignas de confianza, auténticas, merecedoras de crédito.

Xalapa, Ver. 3 May 19. 18:45 hrs.
    Siguiendo las reflexiones sobre la vida espiritual, en esta ocasión voy a tomar como punto de partida la palabra “gustad” que aparece en el salmo 34, o aún mejor la traducción que aparece en el leccionario de la misa y en la que aparece la palabra “prueba” un poco más conocida de nosotros esta traducción: Haz la prueba y verás que bueno es el Señor” (v.9).

    Esta palabra, en la Biblia griega de los LXX, traduce el vocablo dókimos, termino técnico para decir que una moneda es buena o tiene valor, y en relación con las personas la palabra dókimo, es decir probado, se refiere a personas que gozan de un reconocimiento general, porque son dignas de confianza, auténticas, merecedoras de crédito. En algunos salmos encontramos la plegaria del hombre creyente, que cuando se ve acosado por sus enemigos, quienes lo calumnian y persiguen, pide a Dios que lo ponga a prueba, que examine su corazón para reconocer su inocencia ante aquellos que lo acusan, así por ejemplo:

    Salmo 17, 3: Si sondeas Señor mi corazón y de noche me examinas, si me pruebas al crisol, no hallarás en mí malicia.

    Salmo 26,2-3: Escudríñame, Señor, ponme a prueba, aquilata mi conciencia y mi corazón, que tengo presente tu amor y te soy fiel en la vida.

           Salmo 139, 1: Tú Señor me examinas y me conoces.

    En este sentido para la Sagrada Escritura el hombre justo no es el que se mira así mismo para satisfacerse de su propia vida, como el caso que Jesús nos presenta del fariseo que oraba delante de Dios diciendo: Te doy gracias Señor porque yo no soy como los demás hombres injustos, ladrones, adúlteros (Lc 18, 9ss), por el contrario el hombre justo es el que confía en el Señor, el que se complace en seguir sus mandamientos, es aquella persona que permanece fiel a Dios aún en el sufrimiento.

    La Biblia recuerda a Noé un hombre justo que podía estar en la presencia del Señor (Gn 6, 9) o a Job de quien se dice que era un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y apartado del mal (1,1). En ambos casos, Noe y Job se encuentran en una situación difícil. Noé vivía en un ambiente en el que la maldad del hombre se extendía por toda la tierra (Gn 6, 5), Job pasa por situaciones adversas que tocan su persona (Jb 1-2) y sin embargo permanecen fieles a Dios.

    Por eso el hombre justo que se ve perseguido y calumniado, habiendo examinado su conciencia puede decir a Dios como Job: Pésame Señor en balanza de justicia y conocerás mi integridad (31,6). Esta imagen era muy común antiguamente. Hace muchos años recuerdo haber visto una imagen del juicio final, en el que Dios ponía en una balanza a la persona. En un platillo de la balanza estaban sus mandamientos, la caridad, la palabra del Evangelio, y en el otro platillo de la balanza colocaba a la persona que bien podía dar el peso o por el contrario descubrirse que estaba vacía, hueca, sin sustancia. Esta imagen de la balanza la encontramos en la misma Sagrada escritura, por ejemplo en el libro de Daniel 5, 25 el profeta le dice al rey de Babilonia: Dios ha visto tu reino, has sido pesado en la balanza y te ha faltado peso. En el libro de los Proverbios 16, 11 se dice: Balanza y platillos justos son los del Señor. Por eso el hombre justo que se ve perseguido y calumniado, habiendo examinado su conciencia puede decir a Dios como Job: Pésame Señor en balanza de justicia y conocerás mi integridad (31,6).

    En este sentido la palabra griega axios es decir digno tiene en su raíz el significado de equilibrar la balanza, de asegurar que lo que se encuentra de un lado de la balanza sea igual en peso a lo que se coloca en el otro lado. Por eso una persona digna de su vocación cristiana es una persona auténtica, en la que no hay doblez. Bueno pues es tarea continua de todos el pedir a Dios que nos ayude a ser santos e irreprochables en su presencia por el amor, como afirma san Pablo en su carta a los Efesios 1, 4.

    Resumiendo: Partiendo de su etimología y de diversos pasajes de la Sagrada Escritura, encontramos que la palabra “prueba” se refiere al hombre creyente, fiel a Dios, que aunque perseguido y calumniado por sus enemigos, ó sometido a situaciones difíciles puede orar a Dios diciendo si tú Señor, sondeas mi corazón y me examinas, si me pruebas al crisol, no hallarás en mí malicia (Sal 17,3).

    Esta es la primera de tres partes en la que divido esta reflexión. La invitación es a no dejar sólo en teoría nuestra fe sino a saber correr el riesgo: Haz la prueba y verás que bueno es el Señor.
Columnista de CATOLIN
Pbro. José Rafael Luna C.

Lic. en Teología Dogmática sacramentaria. Director Espiritual en el Seminario Mayor...
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