“Jesús tomó la firme determinación de ir a Jerusalén” - CATOLIN

LOGO
Logo Oficial
logo
Vaya al Contenido
Plumas de Fe > Acompañando la Fe > 2018 > Noviembre
“Jesús tomó la firme determinación de ir a Jerusalén”
La llamada que Jesús nos hace a su seguimiento atestigua la máxima exaltación posible de la libertad humana como desapego•

Xalapa, Ver. 09 Nov 18. 16:00 hrs.
    La vocación cristiana así como es presentada por el evangelio de san Lucas es semejante a un camino, que somos invitados a recorrer, así como Jesús en un momento determinado de su ministerio decidió emprender un viaje a Jerusalén. Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén (Lc 9,51). La finalidad de este viaje es la transformación de nuestro ser, para que resplandezca la verdad de nuestra vida como hijos de Dios, gracias al misterio pascual de Cristo que él precisamente llevó a cabo en Jerusalén. Este camino ha dado inicio el día que fuimos bautizados. San Pablo define esta vocación y transformación de nuestro ser como una llamada a la libertad: Cristo nos ha liberado para que seamos libres (Gal 5,1).

    La libertad en este contexto debe ser comprendida no sólo como la facultad de elección por esta o aquella acción particular, sino que más allá es una decisión sobre cada uno de nosotros, es la disposición de la propia vida a favor o en contra del Bien, a favor o en contra de la Verdad y en última instancia, a favor o en contra de Dios (Veritatis Splendor no. 65), se trata de una elección fundamental que compromete la libertad a nivel radical ante Dios y cuyo contenido es la elección de fe por la cual el hombre le ofrece a Dios el homenaje total de su entendimiento y voluntad. Aquí hay algo muy importante como criterio de discernimiento para la vida espiritual, esta libertad de la que hablamos es optar por el medio más eficaz queme coloca en la disposición de dejarme llevar por el Espíritu Santo hasta amar como Cristo en la cruz.

    La llamada que Jesús nos hace a su seguimiento atestigua la máxima exaltación posible de la libertad humana como desapego. Llamada que exige una firme determinación y que no admite vacilaciones, como la de aquellos que le propusieron posponer su seguimiento por diversos motivos (cf Lc 9, 59-62). Por eso el apóstol Pablo nos invita a la vigilancia, pues la libertad sufre siempre la insidia de la esclavitud que nos puede llevar a creer que elegimos bien cuando en verdad elegimos el pecado, por eso nos advierte: Pero cuiden de no tomar la libertad como pretexto para satisfacer su egoísmo (Gl 5,13).

    La decisión que cada uno de nosotros toma sobre el rumbo que ha de dar a su existencia, esta vinculada a los actos particulares de nuestra vida cotidiana por medio de los cuales una persona se conforma con la voluntad, la sabiduría y la ley de Dios que se nos han dado a conocer en la persona de Jesucristo.

    En este sentido toda elección implica una referencia de la voluntad a los bienes y a los males, indicados por la ley natural como bienes que hay que conseguir y males que hay que evitar. No se da una acción neutral que no nos afecte a nosotros o a los demás. En el caso de los preceptos morales que nos prohíben un comportamiento determinado no admiten alguna excepción, no nos dejan algún espacio aceptable a la creatividad, una vez reconocido un acto como moralmente malo la única decisión aceptable para un cristiano es la de obedecer la ley de Dios apartándose del mal.

    Desde luego, la imagen que el evangelio nos presenta es la de un camino por recorrer. Las exigencias del evangelio pueden ser muchas pero no nos pide Dios más de lo que cada uno en su momento puede dar y que corresponde a la etapa que estamos viviendo, pero lo cierto es que si exige una respuesta y es precisamente a lo que esta reflexión nos invita, ¡toma una determinación! El destino final de cada uno de nosotros se va construyendo con nuestras decisiones concretas en la vida, no podemos decir que queremos el bien cuando nuestras obras contradicen lo que decimos.

    En este sentido podemos muy bien guiarnos por el criterio que san Pablo nos ofrece en su Primera Carta a los Corintios: “Todo me es lícito, más no todo me conviene” (6,12); “Todo es lícito, más no todo edifica” (10, 23). Tenemos por lo tanto que elegir sólo aquello que realmente puede ayudarnos a construir nuestra vocación, porque muchas veces da la impresión que Dios esta construyendo y nosotros destruyendo. Pero desde luego que en la invitación a la renuncia de aquello que pudiera impedir nuestra vocación y la firme determinación que debemos de poner en ella, el acento no recae en la renuncia, así nos lo dice la doble parábola del tesoro y de la perla encontrados, sino en la alegría de haber encontrado este tesoro que es el seguimiento de Jesús, compartiendo su destino. Esa es la verdadera razón de la renuncia (Mt 13, 44-45).
Columnista de CATOLIN
Pbro. José Rafael Luna C.

Lic. en Teología Dogmática sacramentaria. Director Espiritual en el Seminario Mayor...
Todos los derechos reservados © 2017 CATOLIN
Regreso al contenido