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“Que el trabajo no nos absorba hasta el punto de no encontrar tiempo para la oración”, recomendó el Papa Francisco


Por: Gabriela Villegas
CATOLIN
El Papa Francisco en la Audiencia General. Foto tomada de: Pablo Esparza / ACI Prensa

Xalapa, Ver. 15 Jun 21. 11:30 Hrs.- (CATOLIN).- “Que el trabajo no nos absorba hasta el punto de no encontrar tiempo para la oración”, recomendó el Papa Francisco.

     El pasado miércoles 9 de junio, en su Audiencia General el Papa Francisco motivó a los presentes a encontrar un equilibrio entre la vida de trabajo y oración, con la finalidad de “que el trabajo no nos absorba hasta el punto de no encontrar tiempo para la oración”, pero al mismo tiempo estar atentos a que “nuestra oración no se convierta en un espiritualismo, que nos aleje del contacto con la realidad”.

    Ante tal tema, el Papa expresó que es muy importante “rezar sin interrupción”, puesto que; “orar constantemente es una invitación, más aún, una exhortación que nos hace la Sagrada Escritura”, tomando como base la primera carta a los Tesalonisenses, en donde San Pablo recomienda “Recen constantemente. En todo den gracias”.

   Posteriormente, el Santo Padre hizo referencia al libro titulado el “Peregrino ruso”, subrayando que por medio del itinerario espiritual del personaje "descubrió" la oración del corazón, una oración breve que consiste en repetir, al ritmo de la respiración y durante toda la jornada: Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador”.

    “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí pecador! Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí pecador! ¿La han escuchado? ¿La decimos juntos? Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí pecador! es una oración sencilla, muy bonita”, expresó a los fieles que estaban presentes.

   En la misma línea, el Papa se apoyó de dos recursos como medios para describir la oración “respiración de la vida” y por otro lado el “pentagrama musical”.

    Dentro de la primera, el Pontífice remarcó que “en efecto, en la vida necesitamos tanto de la oración como del aire que respiramos” y aseguró que “de hecho, la respiración no cesa nunca, ni siquiera mientras dormimos; y la oración es la respiración de la vida”.

    Por otro lado, destacó que “la oración es una especie de pentagrama musical, donde nosotros colocamos la melodía de nuestra vida”, agregó que la oración “no es contraria a la laboriosidad cotidiana, no entra en contradicción con las muchas pequeñas obligaciones y encuentros, si acaso es el lugar donde toda acción encuentra su sentido, su porqué y su paz, en la oración”.

     Ante a estas recomendaciones, el Pontífice reconoció que “poner en práctica estos principios no es fácil”, sumando el siguiente ejemplo  “un padre y una madre, ocupados con mil cometidos, pueden sentir nostalgia por un periodo de su vida en el que era fácil encontrar tiempos cadenciosos y espacios de oración. Después, los hijos, el trabajo, los quehaceres de la vida familiar, los padres que se vuelven ancianos...”.

     El Papa Francisco puntualizó que en diferentes momentos “se tiene la impresión de no conseguir nunca llegar a la cima de todo” por lo que aconsejó que “entonces hace bien pensar que Dios, nuestro Padre, que debe ocuparse de todo el universo, se acuerda siempre de cada uno de nosotros. Por tanto, ¡también nosotros debemos acordarnos de Él!”.

     En este sentido mencionó que “el trabajo y la oración son complementarios” ya que, así como “la oración – que es la “respiración” de todo – permanece como el fondo vital del trabajo, también en los momentos en los que no está explicitada” por lo que indicó que “es deshumano estar tan absortos por el trabajo como para no encontrar más el tiempo para la oración”.

    Aunado a esto, destacó el relato del Evangelio de San Lucas en el cual “Jesús dice a santa Marta que lo único verdaderamente necesario es escuchar a Dios, no quiere en absoluto despreciar los muchos servicios que ella estaba realizando con tanto empleo”.

    Además, recordó el pasaje de la Transfiguración para manifestar que “no es sana una oración que sea ajena de la vida. Una oración que nos enajena de lo concreto de la vida se convierte en espiritualismo, o peor, ritualismo”.

    “Recordemos que Jesús, después de haber mostrado a los discípulos su gloria en el monte Tabor, no quiere alargar ese momento de éxtasis, sino que baja con ellos del monte y retoma el camino cotidiano. Porque esa experiencia tenía que permanecer en los corazones como luz y fuerza de su fe. También luz y fuerza para los siguientes días duros, los de la pasión”, expresó.

    Posteriormente, el Santo Padre subrayó que “los tiempos dedicados a estar con Dios avivan la fe, la cual nos ayuda en la concreción de la vida, y la fe, a su vez, alimenta la oración, sin interrupción” y añadió que “en esta circularidad entre fe, vida y oración, se mantiene encendido ese fuego del amor cristiano que Dios se espera de cada uno de nosotros”.

    “Y repitamos la oración sencilla, que es muy bonito repetirla durante el día, veamos si todavía la recuerdan, todos juntos: ‘Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí pecador!’, otra vez, ‘Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí pecador!’ Decir esta oración, continuamente, te ayudará a la unión con Jesús”, finalizó el Papa Francisco.

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