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“...y, dejándolo todo lo siguieron”
• Es un trabajo que requiere paciencia y sobre todo la libertad de dejarse guiar por el Espíritu de Dios.

Xalapa, Ver. 18 Oct 18. 13:30 hrs.
    El camino de la vida espiritual inicia el día que somos bautizados. Dios nos ofrece la gratuidad de su amor y la llamada a estar junto a él como “hijos muy amados”. Pero requiere la respuesta libre de cada uno de nosotros. Esta respuesta inicia el camino de la vida espiritual. En el relato de la llamada pesca milagrosa podemos encontrar un elemento fundamental de este proceso, quienes se convertirán en sus testigos y enviados: Llevaron a tierra las barcas y,dejándolo todo, le siguieron (Lc 5,11). Quien quiera tomar con seriedad el camino de la vida espiritual y adentrarse en él requiere no tener miedo de ir mar adentro. En palabras de san Juan Pablo II “¡Duc in altum! Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro” (Novo Millenio Ineunte no.1).

    En el relato de la vocación de los discípulos la frase “…y, dejándolo todo lo siguieron” se refiere en este contexto: a la barca, las redes y los peces de la pesca abundante recién conseguida. Es decir, lo que hasta ese momento se había constituido como el horizonte de la vida de aquellos hombres, su proyecto de vida. Eso es precisamente lo que estamos invitados a dejar que la gracia de Dios toque, nuestro proyecto de vida que hasta el momento en que fuimos llamados teníamos. De lo contrario solo podemos añadir unas citas bíblicas a nuestro estilo de vida para afirmar que es cristiano, o lo peor justificar una fe teórica que no tiene repercusiones en la vida concreta de la persona. Para seguir al Señor sin limitaciones y condiciones es necesario dejar nuestro proyecto de vida y el que en la sociedad hemos aprendido para asumir el que ahora se nos propone en el seguimiento de Jesús. En esto se cumple aquello que el Señor nos dice: “a vino nuevo odres nuevos” (Mt 9, 16-17). Sin este cambio de mentalidad y costumbres, nos podría parecer como absurdo escuchar que el que quiera llegar a ser grande, entre ustedes, será como su servidor y el que quiera ser le primero entre ustedes será su esclavo (Mt 20, 26-27).

    Ciertamente una de las cosas que la persona debe identificar al inicio de su proceso es el grado de necesidad (si así lo podemos decir) de Dios en su vida. Uno de los salmos que nos pueden dar una idea de lo que quiero decir es el salmo 42, 1-2: “como anhela la sierva corrientes de agua, así, mi alma te anhela a ti, oh Dios. Mi alma esta sedienta de Dios, del Dios vivo…

    Como podemos darnos cuenta aquel que quiera tomar en serio la llamada del Señor a seguirlo, y así ser conducido a la experiencia de la vida, pues para eso ha venido: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Por lo menos hoy presento dos condiciones. El querer asumir un nuevo estilo de vida que le permita verse así mismo, el mundo que le rodea, así como a las personas con la que convive de la misma manera como Dios las ve y para lo cual requiere un gran anhelo de Dios, con una necesidad solo comparada con la necesidad de calmar la sed.

    Es un trabajo que requiere paciencia y sobre todo la libertad de dejarse guiar por el Espíritu de Dios que “el viento sopla hacia donde quiere: oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene  ni adonde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu” (Jn 3, 8).
Columnista de CATOLIN
Pbro. José Rafael Luna C.

Lic. en Teología Dogmática sacramentaria. Director Espiritual en el Seminario Mayor...
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