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100 años de la llegada de San Rafael Guízar y Valencia a Veracruz
En memoria de los 100 años de su llegada siguen grabadas en los feligreses las palabras que fueran su estandarte: “Dios colme a usted de bendiciones, y lo llene de su santo amor”.

Por: Alejandra Villegas.
CATOLIN
Llegada de San Rafael al Puerto de Veracruz. Foto por: SanRafaelGuízar

Xalapa, Ver. 24 Ene 20. 11:00 hrs. (CATOLIN). - Cielos y tierra continúan de fiesta, luego de celebrar el pasado cuatro de enero 100 años del arribo de San Rafael Guízar desde la Habana, Cuba; hasta Veracruz como Obispo.

    Guízar y Valencia, el quinto Obispo de Veracruz fue beatificado en 1995 por San Juan Pablo II y canonizado en el 2006 por Benedicto XVI. Fue un “héroe de las virtudes cristianas”, “un gigante de la caridad” y el primer Obispo mexicano nombrado Santo, por ello; el reconocimiento como Santo Patrono de los Obispos.

    San Rafael luego de haber sido consagrado en la Habana, en noviembre de 1919, continuó realizando misiones. Una vez teniendo todo concluido, los cubanos tristes despidieron al misionero mexicano que se convirtiera en Obispo de Veracruz. La expresión de cariño había sido tal, que, en agradecimiento por su labor en la cárcel, en el hospital y en distintas comunidades le regalaron un Cáliz de Plata y Oro, instrumento que ahora se encuentra expuesto en su museo.
    Continuando su marcha para la que ahora era su Diócesis, se dirigió hacia el muelle donde ya lo aguardaba el buque “La Esperanza” para traerlo rumbo a Veracruz.
 
    Mientras navegaba, el día 3 de enero, fue informado de una desgracia, la primera de tantas, un terremoto con Epicentro en Quimixtlan, Puebla, afectó la Zona centro de Veracruz. Guízar de inmediato se puso en contacto con su Vicario General, Mons. Justino de la Mora para decirle: “Señor Vicario, me he enterado que han reunido una pequeña colecta para mi bienvenida y de la misma manera que mi Diócesis ha sido afectada por un fuerte temblor, quiero que por favor, no se toque ni un solo centavo de ese dinero, lo vamos a ocupar para los afectados...”, y así se hizo.
 
    Definitivamente el buque “La Esperanza” traía la esperanza de los veracruzanos. Siendo las 10 de la mañana, el buque fondeaba en el muelle del Puerto de Veracruz, donde ahora se le conoce como “El Malecón”, allí, la comitiva, encabezada por Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, dieron la bienvenida al Quinto Obispo de Veracruz y al verlo dijeron: “Es muy joven”. Luego de su recibimiento y las palabras de bienvenida, le supieron a amargura, en ese momento expresó: “He salido esperando la Gloria, pero de la misma manera que Jesús encontró un pesebre como cama, yo encuentro a mi Diócesis en medio de una desgracia, pero Dios nos ayudará”.

    Una vez llegado a Xalapa, San Rafael Guízar no se puso a lamentar la situación, sino que encabezó un ejército de Caridad para hacer frente a la desgracia. De esa manera inicia su labor como el Obispo de los pobres y el gigante de la caridad, llevando a todos los lugares afectados por el sismo el consuelo espiritual y material, asegurándoles que, en la oración, también encontrarían el consuelo esperado.

    Recorrió decenas de pueblos, trabajando sin descanso… pues “ya descansaremos en el cielo” decía. Ahora, año con año, miles le visitan en su tumba recordando aquella primera vez en que el Obispo pisó territorio veracruzano.
 
    Hoy en memoria de los 100 años de su llegada siguen grabadas en los feligreses las palabras que fueran su estandarte: “Dios colme a usted de bendiciones, y lo llene de su santo amor”.

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