Como un martirio del alma - CATOLIN

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“Como un martirio del alma”
Xalapa, Ver. 07 Abril 20. 15:30 hrs.
Columnista de CATOLIN
Alejandra Villegas

Lic. en Geografía., Lic. en Derecho, Jefa del área de redacción y estilo de CATOLIN...

En la primera columna te invité y me invité a “despertar”, a redescubrir el “tesoro” que como bautizados tenemos: Jesús.

    Y hoy quiero que continuemos en este camino... pero es que ¿por qué debemos hacerlo? acaso ¿Los tiempos cambian?

    No exactamente, sino más bien es el hombre el que pierde la sensibilidad por lo más sagrado y teme más a los hombres que a Dios.
 
    Por ello, hemos de despertarnos, tanto tú como yo, tenemos que volver a Cristo y dejar de “seguir a falsos dioses” que solo “satisfacen” a corto plazo, tenemos que dejar de esconder la fe “bajo la cama” y exponerla delante de todos, si Cristo murió por nosotros en público no vivamos para Él en privado.

     Hoy ante esta contingencia que estamos viviendo a nivel mundial, tenemos que volver la mirada a Jesús, a ese “tesoro” que hemos enterrado con el dinero, el tiempo, el materialismo, la superficialidad, los títulos académicos, el poder, las ideologías, etc., tenemos que “despertar” y poner toda nuestra confianza en Él, en lo más sagrado.
 
    Los mártires, en cambio, han decidido derramar su sangre, no en cosas vanas como muchas veces lo hacemos nosotros, sino más bien por señalarnos el cielo. De esta manera cada gota derramada de sangre por el Evangelio nos une y nos fortalece ante Dios y ante los hombres.  
 
    Para contextualizarnos un poco más, me gustaría que profundicemos ¿Qué es un mártir? La palabra mártir viene del griego y se traduce como “testigo”, en el numeral 2473 del C. I. C. dice que el martirio: “es el supremo testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana, que llega hasta la muerte mediante un acto de fortaleza”.
 
    Los mártires aceptan la muerte con la ilusión de encontrarse con el Señor y la Iglesia se enorgullece de ellos, porque en medio de burlas y persecución dan testimonio. Con su martirio nos recuerdan que somos peregrinos en esta tierra y que la recompensa nos espera en el cielo.
 
    En lo personal, te comparto que estoy aprendido varias cosas de los mártires, te invito a que empieces a tomar en tu vida espiritual alguna de estas…
 
    1.    No tengo miedo ni vergüenza al manifestar mi fe públicamente.
 
    2.    Defiendo mis creencias. Eso supone formarme, por ello, leo la Biblia, Doctrina, literatura y prensa católica.
 
    3.    Pido siempre la intercesión de María Santísima y de los Santos de mi devoción: San José, San Pío, San Rafael Guízar, Santa Teresita del Niño Jesús, San Francisco de Asís y San Judas Tadeo, por mencionar algunos.
 
    4.    En mis momentos de debilidad pido al Espíritu Santo me fortaleza, quien mejor que Él, quien es por excelencia el entrenador de los mártires.

    5.    Acepto con alegría los pequeños sufrimientos que se me presentan día con día.
 
    6.    Ahora, con el COVID-19 no dejo que el miedo y el pesimismo me gane, sino al contrario trato de enfrentarlo con fe y me pongo en manos de Dios, llevando a cabo las medidas sanitarias.
 
    7.    En cuanto al tema de la muerte, los mártires, me enseñan que después de esta tierra terrenal está “la tierra prometida”.
 
    Ciertamente no todos somos llamados al martirio y específicamente al de sangre, pero en muchas ocasiones sin pensarlo estamos unidos al martirio del alma.
 
    Este tiempo que vivimos, muchos católicos lo vivimos precisamente como un martirio del alma, porque nos duele no poder profesar nuestra fe abiertamente, al no poder asistir a una Santa Eucaristía y por lo tanto, no poder comulgar, al no poder confesarnos o al no poder visitar un Sagrario porque tenemos que quedarnos en casa, etc., por ello, insisto, no seamos indiferentes y ante todo lo que hemos vivido: “despertemos”, y ante todo lo que estamos viviendo no perdamos de vista a Jesús y junto con Él, la GRAN semana que estamos comenzando: Semana Santa, démosle a Jesús su lugar, primero en nuestro corazón y luego en nuestro hogar, no seamos como ese Pilato que se lava las manos, o como ese San Pedro cuando dice: “No conozco a este Hombre”.
 
    Esta Semana Santa es diferente a otras, pero demos gracias a Dios porque nos permite vivirla de esta manera, sé que nos duele no poder acompañarlo en cada una de las Celebraciones, pero… dispongámonos, es una Semana Santa diferente, vivámosla como si fuera la primera, la única y la última. Ya lo decía San Juan Bosco: “La Iglesia deberá pasar tiempos críticos y sufrir graves daños, pero al fin el cielo mismo intervendrá para salvarla. Después vendrá la paz y habrá en la Iglesia un nuevo y vigoroso florecimiento”.… después vendrá la paz y la Iglesia florecerá, y si Dios quiere esto pasará, porque Dios guarda siempre a los que le guardan en su corazón.

    No perdamos la esperanza y en esta Semana Santa en medio del martirio del alma que nos une con los mártires, seamos TESTIGOS AUTÉNTICOS DE LA VERDAD.
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