DE VACACIONES EN EL HOGAR P. 3 - CATOLIN

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DE VACACIONES EN EL HOGAR Parte  3
Xalapa, Ver. 26 May 20. 18:00 hrs.
Columnista de CATOLIN
María de los Angeles Vega

Maestra de Educación Especial, Psicoterapeuta, Directora del Equipo de Teatro de la Nueva Jerusalén...

    No es fácil enfrentar un cambio tan significativo, muchas personas acostumbradas a la rutina de correr al trabajo, se desesperan, otros lo toman con la ambigüedad propia de estos tiempos, simplemente lo viven “y ya”, algunos son muy analíticos y hasta escépticos, pero hay un gran número de población que es fuertemente impactada por esta inesperada reubicación del género humano. Son tiempos que pueden desatar en algunas personas estados depresivos, neurosis e incluso psicosis.

    Por eso, es importante comprender desde el respeto, que somos diferentes y cada quien vive esta experiencia de acuerdo a su forma de ser y a sus experiencias personales. Esto aplica a tu familia, no puedes pensar que, por vivir bajo el mismo techo, todos comparten la misma forma de enfrentar la contingencia, tal vez no has notado qué pasa al interior de cada uno, porque es común asumir que “yo tengo la mejor opción y así piensan o deben pensar los demás”, pero tal vez alguien siente mucho miedo y no se atreve a decirlo, por temor a la burla o al enojo.

    Es importante ser delicado para entender a cada uno; dejar de lado el individualismo del que ya he hablado y entender el sentir de cada alma.

    Es importante, sobre todo, darte cuenta de la forma en que estás y están viviendo, porque este suceso y lo que derive de él, es una profunda enseñanza que nos deja entrever la posibilidad de un cambio futuro en nuestra forma tradicional de vivir. Es, una oportunidad de decir con hechos, como enfrenta la adversidad, un hombre o una mujer de fe.

    Por eso mismo hoy quiero presentarte una virtud teologal que es a veces poco tratada, pero hoy, de suma importancia para ser ejercida, se llama: ESPERANZA.

    Las virtudes teologales son tres: fe, esperanza y caridad. Fueron infundidas por Dios en nuestra alma el día de nuestro bautismo y son, como una semilla, que hay que hacer crecer con el  esfuerzo de cada día.

    Pero ¿Qué es una virtud? Es una disposición habitual del hombre, que se adquiere por el ejercicio repetido de actuar consciente y libremente en orden a la perfección o al bien.
Para llamarla virtud, tiene que ser algo habitual, y no un acto esporádico o aislado. Lo contrario a la virtud es el vicio, que es también un hábito adquirido por la repetición de actos contrarios al bien.

    Volviendo a las virtudes teologales:

    Dios nos dio estas virtudes para que seamos capaces de actuar como sus hijos, y disminuir los impulsos naturales que nos llevan al egoísmo, la comodidad y al placer. No son virtudes teóricas, sino un modo de ser y de vivir.

    La esperanza es la virtud teologal por la cual deseamos a Dios como Bien Supremo y confiamos firmemente alcanzar la felicidad eterna y los medios para ello.

    Esta virtud nos ayuda a saber cómo reaccionar ante un problema o dificultad de la vida. Hay circunstancias, como esta que hoy enfrentamos, que nos pueden llevar al desaliento o a pensar que todo está perdido. Pero quien tiene fe, no se siente desalentado ni desesperado, porque sabe que Dios Omnipotente, está presente y nos conoce. Dice la Palabra de Dios en el libro del Eclesiástico: “Sepan que nadie esperó en el Señor que fuera confundido. ¿Quién que permaneciera fiel a sus mandamientos, habrá sido abandonado por Él, o quién, que le hubiere invocado, habrá sido por Él despreciado? Porque el Señor tiene piedad y misericordia” (Ec 2, 11-12).

    Quien tiene esperanza, tiene ánimo y se mantiene en la lucha en el tiempo de adversidad, porque está seguro de que todo saldrá bien, porque todo está en manos de Dios.

Quien tiene esperanza, ora, porque sabe que Dios escucha y responde a nuestras peticiones.

    Hoy eres una guía para el camino de tu familia, de la actitud que vean en ti tomarán ejemplo y fuerzas para mañana. Hay un recuerdo que tengo tan claro como si fuera hoy: es la mirada profunda de mi hijo menor cuando era pequeño; cuando había un conflicto o un ruido que daba miedo, siempre callaba y sus ojos me observaban fijos y atentos, yo sabía que de mi reacción dependía el impacto que él recibiría y mis otros dos hijos también y por instinto de amor y por la esperanza puesta en Dios, trataba de hablar y calmar cualquier circunstancia, yo sabía que, si mi esposo y yo estábamos bien, ellos estarían bien.
No digo que en esta experiencia siempre tuve éxito ¡claro que no! Pero si tuve siempre la oportunidad de volverlo a intentar.

    Recuerdo mi niñez, llena de ilusión por las salidas a campar que hacíamos en familia, fueron un sueño que siempre agradeceré a mi cuñado (DEP). Recuerdo una vez que, al volver de paseo, había caído un aguacero muy fuerte y los campamentos estaban inundados, apenas habíamos llegado, todos nos pusimos a llorar y mi cuñado dijo:

    “Dejen todo así, vámonos ¡Y nos llevó a un hotel ese día, después, el calor había secado el lugar y los adultos volvieron a poner todo en orden! Esa actitud de esperanza, de saber que hay remedio es excelente, porque había una segunda opción, que era quejarse, levantar todo con tristeza y volver con frustración. No sé si él tenía el dinero disponible para lo que hizo o lo pagó con la tarjeta de crédito, lo que sé, es que cambió en esperanza nuestra desesperanza. Tal vez tu tengas en tu vida algún recuerdo similar.

    Hablemos con nuestra familia de la realidad que estamos viviendo, hasta donde la conocemos, pero no con sentido de tragedia, sino con la esperanza puesta en la Omnipotencia de Dios, porque los que esperamos en Él, sabemos que todo ocurre para bien.

    No es conveniente hacer malos augurios de un mañana que no nos pertenece, es bueno aprovechar este momento para crecer, para decir cada día en familia: “Gracias Señor por este día que termina, porque vamos a descansar y mañana será un buen día porque Tú nos acompañas”.

    Por otro lado, pidamos a Dios la gracia de ejercer las virtudes teologales, de vivirlas y reflejarlas, de ser una chispa o un sol de esperanza para quienes nos rodean. De vivir la realidad y ser responsables, sí, pero siempre, esperando en Aquel que todo lo puede.
Finalmente te digo que esto es posible y real, ánimo, sigue luchando pese a que a veces parezca que vas contra corriente, verás que la paz volverá.
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