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Papa Benedito XVI defiende su inocencia y externa su perdón a víctimas de abusos

- La carta lleva por anexo un documento que reafirma la inocencia de Benedicto.


Por: Gabriela Villegas
CATOLIN
Papa Emérito Benedicto XVI. Foto tomada de: Vatican Media

Xalapa, Ver. 14 Feb 22. 19:20 Hrs.- (CATOLIN).- El Papa Emérito Benedicto XVI a través de una carta publicada el pasado martes 8 de febrero, pidió perdón a las víctimas de abuso dentro de la Iglesia, y dio respuesta acerca del informe que cuestionó su gestión de los casos durante su periodo de Arzobispo de Múnich en los años 1977 y 1982.

     En la carta Benedicto XVI, expresa: “He tenido una gran responsabilidad en la Iglesia Católica. Tanto más grande es mi dolor por los abusos y errores que se han producido durante el tiempo de mi mandato en los respectivos lugares”.

    La carta lleva por anexo un documento que reafirma la inocencia de Benedicto, dicho análisis da una respuesta a las críticas cedidas en el informe sobre abusos de Múnich entre 1945 y 2019, el documento se compone de tres hojas, el cual fue firmado por cuatro asesores, entre ellos tres canonistas y un abogado experto en libertad de expresión. Dicha arquidiócesis fue dirigida por el Papa Emérito entre 1977 y 1982, quien ha negado las acusaciones recibidas.

    En el análisis que se mostró el pasado 8 de febrero, los colaboradores de Benedicto XVI lo han defendido, externando que “no tenía conocimiento de los abusos sexuales cometidos o sospecha de abusos sexuales cometidos por sacerdotes”, en ningún caso mencionado.

    Así mismo, afirman que el Papa Emérito “no mintió ni hizo una declaración falsa” en relación con su presencia en la reunión del 15 de enero de 1980, donde se tocó el traslado del sacerdote Peter Hullermann de la Diócesis de Essen a la Arquidiócesis de Múnich para que siguiera una terapia y no fines pastorales.

    El sacerdote Peter Hullermann, quien en medios lo conocen como “H” y en el documento de los colaboradores de Benedicto como “X”, fue suspendido de la diócesis de Essen en el año de 1979, tras ser acusado de abusar a un niño de 11 años. En 1980 lo transfirieron a la Arquidiócesis de Múnich para continuar con su proceso de terapia. Posteriormente, en 1986 fue hallado culpable de acosar a menores en una parroquia de la Arquidiócesis.

    Tras la publicación de su carta, Benedicto XVI destacó que “en la gigantesca tarea de redacción del documento para responder a las acusaciones de los autores del informe, durante la fase de redacción se produjo un descuido en cuanto a mi asistencia a la reunión del Ordinariato del 15 de enero de 1980. Este error, que desgraciadamente se ha producido, no ha sido intencionado y espero que sea disculpable”.

    Lo pasado, hace referencia a su memorial de 82 páginas que presentó a la firma de abogados que realizó el informe sobre abusos de la Arquidiócesis de Múnich.

     “Me chocó profundamente que el descuido se utilizara para dudar de mi veracidad, e incluso para presentarme como un mentiroso”, subrayó el Papa Emérito.

    Los asesores afirman que, en la reunión de 1980, el futuro Papa “no era consciente de que Hullermann -al que sólo identifican como Sacerdote X- era un abusador ni que fuese insertado en la actividad pastoral de la Arquidiócesis de Múnich”.

    “Se trataba exclusivamente del alojamiento del joven Sacerdote X en Múnich porque tenía que hacer terapia allí. Esta petición fue atendida”, destaca el texto firmado por los juristas Stefan Mückl, Helmuth Pree, Stefan Korta y Carsten Brennecke.

    “Durante la reunión no se mencionó el motivo de la terapia. Por lo tanto, en la reunión no se decidió comprometer al abusador en el trabajo pastoral”, destacaron los asesores de Benedicto.

     El Papa destacó en su carta que la celebración eucarística da inicio con el acto penitencial, momento en que los católicos piden perdón a Dios por lo mucho que han pecado, diciendo “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”.

    “En todos mis encuentros, especialmente durante mis numerosos viajes apostólicos, con víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, he mirado a los ojos las consecuencias de una culpa muy grande y he aprendido a comprender que nosotros mismos somos arrastrados a esta culpa tan grande cuando la descuidamos o cuando no la afrontamos con la decisión y la responsabilidad necesarias, como ha sucedido y sucede con demasiada frecuencia”, destacó.

     “Como en aquellos encuentros, una vez más sólo puedo expresar a todas las víctimas de abusos sexuales mi profunda vergüenza, mi profundo dolor y mi más sincera petición de perdón”.

     Por otro lado, defendió que “cada caso individual de abuso sexual es atroz e irreparable. Las víctimas de abusos sexuales tienen mi más profunda simpatía y siento un gran dolor por cada caso individual”.

    “Cada vez comprendo más la repugnancia y el miedo que Cristo experimentó en el Monte de los Olivos cuando vio todo lo terrible que tendría que superar interiormente. El hecho de que los discípulos estuvieran dormidos en ese momento es, por desgracia, una situación que también se repite hoy y por la que también me siento interpelado. Así que sólo puedo rezar al Señor e implorar a todos los ángeles y santos y a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que recéis al Señor, nuestro Dios, por mí”, externó.

     “Me han conmovido aún más las numerosas expresiones de confianza, los cálidos testimonios y las conmovedoras cartas de aliento que he recibido de tantas personas. Estoy especialmente agradecido por la confianza, el apoyo y las oraciones que el Papa Francisco me ha expresado personalmente”, mencionó Benedicto XVI, destacando que se encuentra “particularmente agradecido por la confianza, el apoyo y la oración que el Papa Francisco me expresó personalmente".

    “Pronto me enfrentaré al juez definitivo de mi vida. Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo al mirar hacia atrás en mi larga vida, me alegro, sin embargo, porque creo firmemente que el Señor no sólo es el juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya ha sufrido Él mismo mis defectos y es, por tanto, como juez, también mi abogado”, manifestó el Papa Emérito.

     “En vista de la hora del juicio, se hace evidente para mí la gracia de ser cristiano. Ser cristiano me da conocimiento y, más aún, amistad con el juez de mi vida y me permite atravesar con confianza la oscura puerta de la muerte”, afirmó.

    “A este respecto, no dejo de recordar lo que nos dice Juan al principio del Apocalipsis: ve al Hijo del Hombre en toda su grandeza y cae a sus pies como muerto. Sin embargo, Él, poniendo su mano derecha sobre él, le dice: "¡No temas! Soy yo...", destacó Benedicto XVI.

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