ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA: EL LOGO - CATOLIN

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ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA: EL LOGO
Xalapa, Ver. 27 May 19. 21:30 hrs.
    La montaña, monte o cerro (términos usados indiscriminadamente por las sagradas escrituras) es un lugar que se encuentra ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA, un punto de encuentro entre lo más alto y lo más bajo de nuestro mundo, un sitio al que Dios baja lleno de misericordia y el hombre sube para colmar sus deseos de eternidad, un intermedio que requiere de la gracia divina por un lado y del esfuerzo humano por el otro. Si el hombre quiere llegar a la cima para encontrarse con su creador, debe alejarse de las distracciones que existen en la llanura de la tierra, renunciar a las imágenes y ruidos que tanto atraen sus sentidos y que no lo dejan concentrarse en la realidad trascendente de la que somos participes gracias al espíritu infundido en nuestras almas. Subir a la montaña significa salir de nuestras comodidades terrenales para ir en busca del Dios vivo que a su vez sale de su cielo y así, por el encuentro de dos voluntades plenamente libres, poder exclamar desde el fondo de nuestro corazón “encontré al amado de mi alma, lo abracé y no lo soltaré más” (Ct 3,4).
 
    ¿Por qué encontrarnos con Dios en un punto intermedio? ¿Por qué no baja Él hasta la planicie y nos ahorra el esfuerzo? ¿Por qué es necesario que el hombre ponga de su parte? Tomemos como analogía la respuesta que dio Jesús a san Judas Tadeo durante la última cena, cuando este lo cuestionaba acerca de su revelación al mundo, Cristo respondió: “Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará” (Jn 14, 23), de donde podemos advertir que nuestro Señor se deja encontrar solamente por amor y son las almas libres las que pueden amar con absoluta sinceridad. Así, el encuentro entre Dios y el hombre no es el resultado de una imposición divina, sino que se alcanza por la decisión libre y voluntaria tanto de Dios como del hombre, que los lleva a alcanzar la perfecta unidad por la que Cristo oró al Padre antes de su pasión (Jn 17, 21-26). Por todo lo anterior, el hombre debe ponerse en movimiento, buscar contextos diferentes, lugares más altos, propiciar el encuentro divino y disponerse a recibir la gracia que es enviada desde el cielo.

    Una vez expuesto lo anterior, pasemos a la explicación del logotipo con el que hemos querido resumir de manera gráfica el significado teológico de la montaña, además de otras dos interpretaciones que bastante relación tienen con el tema principal que nos ocupa: el encuentro entre Dios y el hombre.

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1. La montaña


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2.    La cruz

    Para encontrarnos con Cristo es necesario atender al itinerario que Él mismo nos enseñó en el evangelio: “el que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24). En este logotipo se representan algunas de las diferentes cruces que marcaron la vida de los santos de nuestra Iglesia, siendo que por medio de estas han sabido entregarse como ofrendas de amor a nuestro Señor, con lo que se pretende invitar a todos los cristianos a ofrecer sus sacrificios y los unan a los de Cristo crucificado. Las cruces que podemos observar son las siguientes:
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3. Respuesta al ateísmo
    
    Existe un logotipo con el que se ha intentado difundir las ideas del ateísmo como grupo ideológico en todo el mundo, es un símbolo con el que buscan identificar a ese sistema de pensamiento de una forma clara y sencilla, aunque existen diferente versiones del mismo. Se trata de una representación gráfica con la que se intenta ilustrar todas las letras de la palabra “ateo”, además de contener otras ideas de fondo, como el hecho de que supuestamente los cristianos no usamos la cabeza para pensar (por lo que se observa una cruz sin ‘cabeza’) y que por eso ellos han logrado alcanzar alturas intelectuales más elevadas. Se trata del siguiente.
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A lo que los cristianos debemos responder:
 
    Que realmente son ellos los que no alcanzan alturas tan elevadas como lo hacen los seguidores del Resucitado, ya que no es comparable lo que se puede obtener con un esfuerzo meramente humano a lo que podemos encontrar quienes hemos puesto nuestra confianza en un Ser Omnisciente, Omnipresente y Omnipotente. En efecto, es nuestro Dios el que nos hace partícipes de una realidad trascendente, pero nunca poniéndonos la condición de renunciar a nuestro raciocinio o a nuestros pensamientos, ya que nuestro ser espiritual goza de una fe que siempre busca el intelecto (Fides quaerens intellectum). Así, gracias a que Dios baja de su cielo para dejarse encontrar por nuestras almas, los cristianos somos capaces de llegar a ese cielo, a la vida eterna, a la morada santa que reside en la Nueva Jerusalén (Ap. 21, 1-4), mientras que los seguidores de la tierra limitan sus conocimientos a la capacidad humana tan deficiente, por lo que, sin presumir una dignidad superior, el cristianismo ofrece grandes oportunidades para alcanzar la plenitud en nuestras vidas.   
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Columnista de CATOLIN
José Pablo Bonilla

Estudiante de Derecho y Contaduría en la U.V., escritor de tres musicales, compositor y guitarrista en...
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