Esfuércense por entrar por la puerta que es estrecha - CATOLIN

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“Esfuércense por entrar por la puerta que es estrecha” Lc 13, 22-30
la vida cristiana no es para aquellos indiferentes que les da lo mismo vivir en pecado o en gracia de Dios •

Xalapa, Ver. 03 Ene 19. 17:50 hrs.
    El Reino de los cielos –afirma Jesús- sufre violencia, y los violentos lo arrebatan (Mt 11, 12). A la pregunta que una persona le hace sobre la cantidad de los que llegan a alcanzar la salvación, Jesús no responde de manera directa, afirmando un número determinado. Ni siquiera aquel número que encontramos en el libro del Apocalipsis de 144 000 fija una cantidad exacta (cf. 7,4), desde el momento que se basa en el simbolismo de los números, de manera especial en el número 12 y el 1000, esto es 12x12x1000, lo cual indica que el plan de salvación de Dios sobre la humanidad tendrá éxito. Pero además en el mismo pasaje se habla de una muchedumbre proveniente de todos los pueblos y razas de la tierra que ninguno podía contar (7,9).

• Jesús no nos ofrece una vida pasiva, asentada sobre la falsa seguridad de pertenecer a un grupo de salvados, por el contrario su invitación es muy precisa: “Esfuércense por entrar…”

    Jesús no nos ofrece una vida pasiva, asentada sobre la falsa seguridad de pertenecer a un grupo de salvados, por el contrario su invitación es muy precisa: “Esfuércense por entrar…” Si, la vida cristiana no es para aquellos indiferentes que les da lo mismo vivir en pecado o en gracia de Dios; ni para aquellos que se han establecido en un modelo de vida que no se preocupan por confrontarlo con el evangelio para cambiar su manera de pensar o vivir, tan seguros están de sí mismos que Dios resulta ser muchas veces una justificación de su estilo de vida.
           
    Y el evangelio da tres razones de esta urgente necesidad de esforzarnos: Primero porque la puerta es estrecha, esto es, no somos nosotros quienes ponemos las condiciones para entrar en el cielo, es Dios quien en su evangelio nos presenta estas condiciones que podemos asumir o rechazar, pero no nos ilusionemos pensando que el cristianismo se amolda a los propios gustos, caprichos e intereses. En segundo lugar este esfuerzo brota del hecho de que no siempre tendremos la misma oportunidad de entrar, “Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta…” muchos se quedaran afuera. Las oportunidades que Dios hoy nos da de conversión y arrepentimiento no siempre las tendremos, y el mismo evangelio aclara que no ha sido por falta de conocimiento, “hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas” (v. 26), no es suficiente un trato superficial con Cristo que no toque la verdad de nuestra vida. Muchas personas conocemos quien es Cristo y su Iglesia pero que no lleva a un compromiso concreto. De hecho el mismo evangelio es testigo de que hasta los demonios saben quien es Cristo, pero eso no es suficiente: “Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios…” (Lc 4, 41). Y sorprende aún más una tercera razón del porque hacerle caso a este imperativo, y eso debido a que “muchos tratarán de entrar y no podrán”.

• Una de estas enfermedades espirituales se designa como “tibieza” •

    Por eso me gustaría colocar esta invitación en el contexto de lo que en la Dirección Espiritual llamamos enfermedades de la vida espiritual. Una de estas enfermedades espirituales se designa como “tibieza”, una persona sufre tibieza en su vida espiritual cuando asustada por las dificultades que experimenta en el camino del seguimiento de Jesús, decide mejor tener una vida cómoda, sin molestias, contenta con cierta apariencia exterior de cumplir con Dios, tranquilizándose con el argumento de que mientras no cometa faltas mayores todo esta bien. En algunas ocasiones escuchamos que para justificarse estas personas dicen ¡yo no soy fanático religioso! o también ¡yo no quiero ser santo! Se trata de una persona que habiendo sido llamada a una vida de excelencia, se conforma con dar el mínimo en su vida. No resulta fácil diagnosticar estas enfermedades de la vida espiritual, una persona puede padecerlas sin tener mucha conciencia de ello, y esto debido a que en algunos casos suele acompañarlas un sentimiento de cierta paz aparente en el alma. El mal espíritu favorece este estado, y procura que la persona sienta satisfacción en su modo de vivir para que llena de soberbia, vaya creyendo que entiende mucho de la virtud y llegue a convencerse de que va bien y no necesita de otros esfuerzos. Así la persona permanece en un estancamiento, vive en la superficialidad del cristianismo. Es un teórico de la vida religiosa, sabe mucho de Dios pero no tiene propiamente una vida de fe.

    Sin embargo, como bien dice el Evangelio, por sus frutos los conocerás, y una forma muy concreta de poder detectar quien se encuentra en este estado de tibieza espiritual es que no obstante ser creyente no tiene una caridad que lo impulse a dar lo mejor de sí mismo, por el contrario, es una persona con muchos resentimientos, no es muy generoso en el sacrificio, la oración le da flojera, ya no quiere luchar contra el pecado. Incluso la misma persona se da cuenta de su propio estado al no sentir plena satisfacción de su relación con Dios y por eso se da a la búsqueda de religiones o prácticas que le permitan llenar ese vacío.

    Pero Dios, afirma la Carta a los Hebreos 12,7, nos trata como a sus hijos, y por eso viendo el estado de vida en que nos encontramos y no queriendo el mal para nosotros, buscará los medios para corregirnos y cuando suceda esta corrección no te desanimes. Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza, pero después produce en los que la recibieron frutos de paz y santidad (12,11).
Columnista de CATOLIN
Pbro. José Rafael Luna C.

Lic. en Teología Dogmática sacramentaria. Director Espiritual en el Seminario Mayor...
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