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FAMILIA SÉ LO QUE ERES
P.2
Xalapa, Ver. 21 Jun 19. 17:30 hrs.
Columnista de CATOLIN
María de los Angeles Vega

Maestra de Educación Especial, Psicoterapeuta, Directora del Equipo de Teatro de la Nueva Jerusalén...

Venimos de un proceso donde hemos modificado la agenda para pasar del “yo” al “nosotros” y en ese “nosotros” darle un tiempo principal a Dios.

    Reflexionamos sobre las amenazas externas (corrientes ideológicas) que pretenden destruir a la familia y la importancia no solo de resistir, sino de saber que tenemos un destino, que mi familia es parte de un plan originario y que es necesario un itinerario, que con ayuda de Dios y de María, podremos seguir.

    Finalmente recordamos quienes somos desde las palabras de San Juan Pablo ll: “Familia, tu eres el gozo”. Y pusimos ejemplos de cómo la familia puede ser el gozo, hoy vamos a continuar esta reflexión proponiendo tres formas más de ser “el gozo”.

1.   Ser el gozo es dar la vida por los demás

    Los hijos que tenemos son un regalo de Dios. Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa (Salmo 127,3).

    Esta palabra, es para quienes somos padres de familia, asumir esta verdad implica una reflexión: Los hijos no son para los padres, sino los padres para los hijos. Esto implica aprender a gastar la vida, entregarla generosamente hasta el final. Este llamado asociado al que hace San Juan Pablo ll de “Ser el gozo”, nos permite vivenciar la entrega de Cristo por su Iglesia, es la oportunidad de acompañar al Señor y su Cruz; es decir, es entrega, donación… morir para que otros vivan. Y el amor que sentimos por nuestros hijos, que nos lleva a dar sin lamentar, nos permite entender en mucho el amor de nuestro Señor al dar su vida por ti y por mí. Porque nos amó Cristo, no lamentó todo el sufrimiento vivido en el Calvario, porque quería que nosotros viviéramos.

    Espero que esta faceta de “Ser el gozo”, pueda entenderse, pues es el gozo de la Cruz que si bien, conlleva un dolor, es el amor que lo motiva y lo convierte en gozo verdadero. Recuerdo cuando nació nuestra primera hija ese proceso de dar que se va aprendiendo, recuerdo a mi esposo cuidándola y leyendo el periódico, para ver a la bebé a continuación, con las manitas llenas de manchas negras y trocitos de papel que intentaban llegar a la boca. Esto le enseñó que ser padre de una bebé, requería renunciar al gusto de leer tranquilamente el periódico, renuncia que fue inmediata y con convicción, pero, de algo tan sencillo, fuimos aprendiendo muchas más renuncias, hasta llegar a aquellas de no quedarte en cama a pesar de tener fiebre y dolor, porque el amor te lleva a atender a esos tesoros pequeños que dependen y esperan de ti. Estoy segura que te identificas con estas experiencias y que entiendes que es posible ser “el gozo” en medio de pequeñas cruces cotidianas que te hacen más fuerte, más generoso, más servicial y que se llevan con amor.

2.   Valorar “el gozo” de ser los primeros en transmitir la fe a nuestros hijos

    "Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se la repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado" (Éxodo 6, 6 - 7).

    Hay también un gran gozo en esa relación personal entre generaciones, cuando la experiencia de formar familia, nos permite participar primeramente en la comunicación del amor divino a nuestros hijos. El primer modelo de ese amor que ellos aprenden de modo natural, es el amor incondicional que reciben de nosotros. Cuando tú le hablas a tu hijo de un Padre Eterno que lo ama, que lo cuida ¡Qué fácil será entender este concepto de un Padre al que no ve, pero cuyo amor puede entender, al ver a su padre de la tierra! Lo mismo ocurre al hablarle de María Santísima y vivir el testimonio de amor de su madre terrena. Es un enorme gozo enseñar a orar a los hijos, es decir, a platicar con Dios, que será también, una experiencia similar a la comunicación que tienes con él y cuando él te vea orando sabrá que, siendo tan grande y fuerte, (porque así te ve), reconoces la existencia de un Ser Supremo y mantienes una relación cercana con Él. Hablar de una vida que se entrega a la muerte por nosotros, será percibida desde la donación constante que el hijo experimenta en el hogar, que si bien, no alcanza a razonar, la traduce en la seguridad y apoyo que le sostienen en su caminar de cada día. El gozo de transmitir la fe, lleva una renuncia, porque implica renunciar a muchas cosas vanas que el mundo propone, pero que no son acordes con los principios eternos, sin embargo; esta renuncia, hecha por convicción, se da de modo natural y será también la garantía de que el día de mañana, en un mundo que presupone tantas amenazas, los hijos que tanto amamos, no se pierdan.

    En nuestro testimonio de familia puedo compartir que tuvimos mi esposo y yo, una forma acorde de pensar en cuanto a que, lo que más nos importaba era transmitir la fe a nuestros hijos. Tal vez, para otros padres sea importante que dominaran el inglés, o un deporte, o destacaran en los primeros lugares de la escuela, sin embargo; nosotros anhelábamos (y anhelamos), que amaran a Dios, porque al venir ambos de familias desintegradas, nuestro encuentro con la familia del cielo nos dio una identidad y un espacio seguro.

    Volviendo a los hijos, ellos crecieron en una gran familia que es nuestra amada comunidad de renovación y actualmente que ya son adultos jóvenes, gracias a Dios siguen firmes en el camino de la fe, del cual compartimos muchos momentos de nuestra vida y en torno al cual giran nuestros proyectos familiares en los cuales participa también mi yerno y la novia de mi hijo Tobit. Te comparto esta gracia de Dios, consciente de que no es un mérito propio y mucho menos que somos perfectos, al contrario, carentes ambos de un hogar estable, iniciamos con grandes carencias este proyecto de familia y nos falta mucho por caminar, pero si te digo con testimonio de vida, que acercarte y acercar a los hijos a Dios y ponerlo por encima de todo, asistir a misa, enseñarles a orar, es una garantía futura. También aclaro que los demás proyectos no son malos, solo necesitamos dar a cada cosa su justo valor. No sé qué nos falte por vivir, porque esta historia no está concluida y caminamos expuestos a muchas tentaciones, por eso, pido cada día al Señor su protección y su guía, confío en su misericordia y confío en esa gran familia de fe que sé que, si nos ve caer, no nos va a señalar, sino con amor nos ayudará a ponernos de pie, confío también en los sacerdotes amigos y en muchos de ustedes que leen este artículo y en el gran amor que nos profesamos en la amistad que nos une.

    Esta vida de fe, lleva la pequeña Cruz de ocupar los fines de semana que serían de descanso para trabajar en la construcción del Reino de los Cielos, de tener reuniones en las noches entre semana, de dormir menos y trabajar más, pero es una Cruz tan dulce, tan hermosa que toda la familia coincidimos que no sería vida la nuestra si nos alejáramos de Dios, porque no hay afuera nada más tractivo ni convincente que Él.

     ¡Tú también puedes ser el gozo en tu hogar al formar en la fe a tu familia, al pedir cada día al Santo Espíritu, que ponga palabras en tus labios y amor a Dios en tu corazón, para hablar de Él a tus hijos desde tu interior!

    3.   Somos “el gozo” al nacer nuestros hijos y verlos como una prolongación de nuestra vida, a semejanza del Padre del Cielo, que, al vernos nacer al bautismo como hijos suyos, desea prolongar nuestra vida hasta la eternidad

    Yo les doy Vida Eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatarlos de mi mano. Mi Padre, que me los ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie los puede arrebatar. El Padre y yo somos uno (Juan 10, 28-30).
    La misma sangre que una a la familia, es la sangre de los hijos, el hijo es la unión en una sola carne del padre y de la madre. Pues bien, el nacimiento de un hijo es un anuncio que, iluminado en la fe, nos abre a un gozo eterno, un gozo del que los hijos serán conscientes cuando les toque ser padres y tener la capacidad de entregarse en su totalidad.

    La llegada de un hijo, es una promesa de la prolongación de nuestra vida, un motivo de dicha suprema. Lo mismo es para Dios el nacimiento de un hijo al bautismo, porque al hacerse hijo de Dios se hace heredero del Reino de los Cielos y partícipe de la promesa de Vida Eterna que el Hijo nos ha ganado dando su vida en la Cruz. Así, como nosotros deseamos prolongarnos en los hijos y es una satisfacción saber que ellos continuarán haciendo el bien en este mundo, así el Padre del cielo se goza en prolongar nuestra vida hasta la eternidad.

    Podemos concluir que el mayor gozo de ser familia no radica en esta vida, que cuando la muerte nos separe no será la conclusión de la historia que iniciamos, porque en el cielo tenemos un hogar, una familia en la que viviremos eternamente.

    ¡La vida que se goza en la unión de hombre y mujer para formar una familia, no termina aquí, se traduce en vida eterna, en gozo eterno al lado de nuestro Señor!
Que estas razones de ser el gozo nos motiven a caminar con esperanza, haciendo vida esta declaración de ser “el gozo” en nuestra familia y el gozo que como familia podemos transmitir a un mundo que entristece por perder la fe.
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