Recordamos a Teresa de los Andes, primera santa carmelita de América - CATOLIN

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Hoy recordamos a Teresa de los Andes, la primera santa carmelita de América

“Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”, solía decir Teresa sobre su constante anhelo de configurarse con Él.


Por: Alejandra Villegas
CATOLIN
Santa Teresa de los Andes. Foto por: Fundación Teresa de Los Andes

    Xalapa, Ver. 02 Jul 21. 21:40 hrs. (CATOLIN).- Hoy 13 de julio celebramos a Santa Teresa de los Andes, quien con solo 20 años se convirtió en la primera chilena y carmelita americana en llegar a los altares.

 
 
    Teresa de los Andes de nombre Juanita Fernández Solar nació en Santiago de Chile el 13 de julio de 1900, en una familia cristiana y de buena situación económica. Desde los seis años asistía con su mamá a Misa diaria. Recibió la Primera Comunión el 11 de septiembre de 1910.

 
     Desde su primer encuentro con Jesús Eucaristía, Juanita se propuso comulgar todos los días para pasar largo rato con Dios. Desde su niñez sembró una profunda devoción a la Virgen María.

 
     Estudió en el colegio del Sagrado Corazón y a los 14 años Dios le manifestó que quería su corazón solo para Él.

 
     En medio del cariño por su familia, Juanita decidió hacer los tres últimos cursos de estudio en régimen de internado, como medio de entrenamiento para la separación definitiva al descubrir su llamado a la vida contemplativa en las Carmelitas Descalzas de Los Andes.

 
     Se incorporó al convento el 7 de mayo de 1919 y adoptó el nombre de Teresa de Jesús con el propósito de “sufrir y orar” para mejorar y purificar al mundo. Sin embargo, no alcanzó a vivir un año en el convento, pues murió el 12 de abril de 1920 de tifus y difteria.

 
     Luego de su muerte, sus compañeras carmelitas aseguraban que había entrado ya siendo una santa, puesto que su carrera hacia la santidad la comenzó mucho antes de ingresar al Carmelo, incluso antes de su Primera Comunión.

 
     “Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”, solía decir Teresa sobre su constante anhelo de configurarse con Él.

 
     Los biógrafos relatan que tuvo una vida normal colmada de una madurez capaz de integrar armoniosamente lo divino y lo humano, a través de la oración, los estudios, las tareas del hogar y el deporte, ya que destacaba en la natación y equitación.

 
     En Santiago de Chile el 3 de abril de 1987, fue beatificada por San Juan Pablo II y canonizada por el mismo Pontífice en Roma el 21 de marzo de 1993.

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