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La Guerra Cristera en México
- El origen del conflicto fue la Constitución de México de 1917.

Por: Alejandra Villegas
CATOLIN
Familia Cristera. Foto por: Dominio Público

Xalapa, Ver. 24 Jun 20. 13:00 Hrs.- (CATOLIN). - Tras la firma de los acuerdos entre el Arzobispo mexicano Leopoldo Ruiz y Flores, como delegado apostólico del Papa Pío XI, y el entonces presidente de la República, Emilio Portes Gil, un 21 de junio de 1929 finaliza oficialmente la Guerra Cristera en México.
 
    En la Guerra Cristera se estima que más de 60 mil soldados del Gobierno y 25 mil milicianos del bando cristero murieron. El lema principal de los cristeros era “Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe”.

    El origen del conflicto fue la Constitución de México de 1917, lo que “generó una serie de protestas” y tensiones que aumentaron con la llegada al poder del presidente Plutarco Elías Calles en 1924, puesto que la Constitución “desconocía los derechos de la Iglesia, desconocía su personalidad jurídica, limitaba el número de sacerdotes, ponía restricciones muy importantes al culto público”, así lo explicó en declaraciones a ACI Prensa en junio de 2018, el jurista y doctor en Historia Jorge Adame Goddard, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
    En 1926 Elías Calles promulgó la Ley de tolerancia de cultos, conocida como “Ley Calles”, para hacer efectivos los artículos constitucionales contra la Iglesia.
 
    Con la Ley Calles, “se consideraban delitos muchas actividades totalmente lícitas, como que un sacerdote esté en la calle con traje talar o que los religiosos estén reunidos en congregaciones, o que se enseñara religión en las escuelas”, señaló Adame Goddard.
 
    El 31 de julio de 1926, comenzó a regir la controversial legislación, ante ello un gran número de obispos decidió suspender el culto. De modo que esto “impresiona muchísimo a la población. De pronto todas las iglesias están cerradas, no pueden bautizar a sus hijos, no hay primeras comuniones, ni Misas los domingos”, añade el jurista e historiador.
 
    La violenta reacción estatal hace que muchos católicos decidan tomar el camino de las armas y que, el movimiento cristero “se produzca en varios estados de manera espontánea. En cada lugar hay jefes locales, jefes regionales militares, militares improvisados”, compartió Adame.

    “En la Ciudad de México se constituye un grupo de intelectuales profesionistas, principalmente abogados, que constituyen la Liga Defensora de la Libertad Religiosa” con el fin de “conseguir recursos para apoyar el movimiento armado y dirigirlo”.
 
    A la par se constituyó un mando único militar en el movimiento cristero, bajo el mando del general Enrique Gorostieta Velarde, quien “Era un militar de carrera, entrenado en el Ejército” que unificó y “logró que el movimiento cristero llegara a controlar territorios en partes de Jalisco, Zacatecas, algo de Durango, Colima”, dijo en el dialogo Goddard.
 
    Ante la respuesta de la Iglesia, el jurista indicó que “la Iglesia no apoyó el movimiento armado”, aunque “tampoco lo detuvo”.
 
    Explicó que, la Iglesia de México “Estaba en riesgo de relajación de los sacerdotes y la casi nula atención de los creyentes, preocupación principal que tenía el Papa (Pío XI)”.

    En ese contexto, Emilio Portes Gil asume el gobierno en diciembre de 1928 y “abre un camino de negociación, diciendo que se pueden respetar ciertos derechos sin modificar la legislación”.
 
    “Los obispos, también apoyados por Roma, decidieron aprovechar esta oportunidad precisamente para resolver el problema pastoral, reanudando inmediatamente el culto”, añadió Adame Goddard.
 
    De modo que, con la firma de los acuerdos, “el problema político que generó el conflicto, la Constitución, quedó sin tocar. La Ley Calles quedó sin aplicar, las leyes constitucionales quedaron sin aplicar. Se mantuvo un estado pacífico sin cambiar la legislación”.
 
    La Guerra Cristera dejó “varias enseñanzas” para la Iglesia y el México de hoy, señaló Goddard. Puesto que, con la Liga Defensora de la Libertad Religiosa surge una “nueva perspectiva, la de considerar la libertad religiosa principalmente como un derecho de los creyentes que el Estado debe respetar y del cual se deriva el reconocimiento de los derechos de la Iglesia”.
 
    Otra consecuencia es que el Gobierno mexicano “se da cuenta que esa ley no la puede aplicar. Y eso llevará a que en 1992 se reforme la Constitución estableciendo un régimen moderno de respeto a los derechos de los creyentes y de relaciones institucionales entre el Estado y la Iglesia”, añadió el jurista.
 
    Adame Goddard señala que una enseñanza de la guerra cristera para la Iglesia es “que se debe cuidar antes que nada la formación espiritual de los laicos y hacerles ver la importancia de su participación en la vida pública, el gran bien que fue la participación de estos cristeros, puesto que, muchos de ellos fueron beatificados”.
 
    Finalmente, Adame señala que a pesar de los cambios legales la Iglesia en México “sigue con una voz disminuida en el debate público”.
 
    Lamenta, en este sentido, que en el país permanezca una mentalidad laicista “que no respeta el derecho de libertad religiosa de los creyentes y el derecho de expresión de los creyentes y los obispos”.
 
    “Y siguen pensando que la Iglesia tiene el interés de apoderarse del poder político para gobernar, lo cual es totalmente anacrónico”, concluyó.
 
    CATÓLICO INFORMADO agradece a David Ramos Jefe de Redacción de ACI Prensa México por compartir la información sobre la cristiada y la entrevista con Jorge Adame Goddard.

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