Madre que sacrificó su vida por su bebé, podría ser nueva santa - CATOLIN

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Madre italiana que sacrificó su vida por su bebé por nacer, podría ser nueva santa de la Iglesia

- El año en que murió, escribió que, aunque su salud era precaria era feliz.


Por: Alejandra Villegas
CATOLIN
María Cristina Cella Mocellin. Foto por: Congregación para las Causas de los Santos

    Xalapa, Ver. 21 Sep 21. 21:40 hrs. (CATOLIN).- María Cristina Cella Mocellin, mujer y madre italiana de 26 años, diagnosticada de cáncer cuando estaba embarazada y que dio su vida por su bebé, está en camino a los altares.

     Este 30 de agosto el Santo Padre emitió la promulgación del decreto de la Congregación para las Causas de los Santos en dónde se reconoce las virtudes heroicas de la Sierva de Dios.

     Maria Cristina nació en 1969 en un pueblo llamado Cinisello Balsamo, en Milán, Italia, en una familia de principios cristianos. Recibió el catecismo de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret.


    Siendo adolescente, se comprometió como catequista y animadora del oratorio. Estudiando el bachillerato conoció la comunidad de las Hijas de María Auxiliadora de Don Bosco y comenzó un camino de discernimiento vocacional.

     En 1985 en su diario espiritual escribió “Señor, muéstrame el camino: no importa si me quieres como madre o como religiosa, lo que realmente importa es que siempre haga tu voluntad”.

     En 1987, teniendo 18 años, le apareció un sarcoma en la pierna izquierda y fue operada por primera vez el 9 de diciembre.

     Maria Cristina terminó su educación secundaria antes de casarse con Carlo en 1991.

     “Me di cuenta de que todo es un regalo, incluso una enfermedad, porque si se vive de la mejor manera, realmente puede ayudar a crecer”, le escribió a su esposo en 1988.

     Luego de tener dos hijos, Francesco y Lucia, en 1993, volvió a quedarse embarazada, pero, junto con el embarazo, apareció un nuevo sarcoma en la misma pierna.

     Señaló que su primer pensamiento al saber que su enfermedad había regresado fue su bebé por nacer.

     “Mi reacción fue repetir varias veces ‘¡estoy embarazada! ¡Estoy embarazada! Pero estoy embarazada, doctor’”, escribió en una carta de 1995 a su pequeño Riccardo. “Me resistí a entregarte con todas mis fuerzas, tanto que el médico lo entendió todo y no dijo nada más”.

    Con el apoyo de su marido, decidió someterse a un tratamiento médico que no pusiera en peligro la vida del niño. En 1994 se sometió a una operación local y después de dar a luz comenzó con el nuevo tratamiento contra el tumor, aunque, el cáncer ya se había extendido a sus pulmones.

    “Creo que Dios no permitiría el dolor si no quisiera obtener un bien secreto y misterioso pero real”, escribió. “Creo que algún día entenderé el significado de mi sufrimiento y agradeceré a Dios por ello”.

    El 22 de octubre de 1995 murió a los 26 años de edad, su historia inspira a muchas personas en la lucha provida. Un mes antes de morir, escribió una carta a Ricardo en la que destacó la belleza de su vida.

     “Querido Ricardo, debes saber que no estás aquí por casualidad. El Señor quiso que nacieras a pesar de todos los problemas que había.”, comenzó. “Cuando supimos que estabas ahí, te quisimos y te deseamos con todas nuestras fuerzas”, remarcó.

    “Fue esa noche, en el coche de regreso del hospital, cuando te moviste por primera vez. Parecía como si estuvieras diciendo: ‘¡gracias mamá por quererme!’. ¿Y cómo no te vamos a querer? Eres precioso, y cuando te miro y te veo tan bonito, despierto, simpático, pienso que no hay sufrimiento en el mundo que no merezca la pena soportar por un niño”, subrayó.

    En una carta dirigida a su esposo, la Sierva de Dios le dijo que su lema es “¡Haz todo con alegría!” y aunque a veces cueste, cuando “todo parece estar en tu contra”, recuerda que la luz “viene después de las tinieblas, así que, después de la desesperación, redescubre la alegría”.

     Asimismo, escribió sobre el amor de Dios y el llamado a la perfección.

     “Me hago santa en la medida en que me vacío de todo, quito todo impedimento de mi mente, corazón y vida para dejarme penetrar por completo por el amor de Dios”, dijo a Carlo en 1990. “Más concretamente, significa vivir la vida cotidiana con gran sencillez, en la familia, en el estudio, en la relación contigo, Carlo. Mi lugar está en lo simple y ‘rutinario’”.

     El año en que murió, escribió en otra carta que, aunque su salud era precaria era feliz, remarcó que le daba “vergüenza pedirle al Señor cualquier otra cosa, para nosotros el milagro ya está ahí: si Él nos ama y nos amamos, nada más importa”.

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