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Miércoles de Ceniza: La Cuaresma es un viaje de regreso a Dios, dice el Papa Francisco
- Al término de su homilía, el Papa Francisco bendijo e impuso las cenizas.

Por: Alejandra Villegas
CATOLIN
Papa Francisco. Foto tomada de: aciprensa

Xalapa, Ver. 17 Feb 21. 19:10 Hrs.- (CATOLIN).- En este miércoles de ceniza en la celebración de la Misa, el Papa Francisco recordó que “la Cuaresma es un viaje de regreso a Dios” por ello, animó a dejarse reconciliar por Dios para aprender de la Cruz de Jesús que es la “cátedra silenciosa de Dios”.

    La Eucaristía fue presidida por el Santo Padre, quien además realizó el rito de la bendición e imposición de las cenizas en la Basílica de San Pedro, con pocas personas debido a las restricciones sanitarias causadas por el COVID-19.

    En su homilía, el Santo Padre destacó que iniciamos el camino de la cuaresma con las palabras del profeta Joel que indican la dirección a seguir “vuelvan a mí con todo corazón” por lo que advirtió: “Cuántas veces, ocupados o indiferentes, le hemos dicho: ‘Señor, volveré a Ti después... Espera. Hoy no puedo, pero mañana quizá empezaré a rezar y a hacer algo por los demás’. Y así un día tras otro ¿no? Ahora Dios llama a nuestro corazón. En la vida tendremos siempre cosas que hacer y excusas para dar, pero hermanos y hermanas, ahora es tiempo de regresar a Dios”.

    En este mismo contexto el Papa dijo que “la cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo lo que somos” porque “es el tiempo para verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo”.

    “La cuaresma no es una recolección de florecillas, es discernir hacia dónde está orientado el corazón. Este es el centro de la cuaresma: hacia dónde está orientado mi corazón”, enfatizó.

    Asimismo, invitó a los feligreses a preguntarse: “¿Hacia dónde me lleva el navegador de mi vida, hacia Dios o hacia mi yo? ¿Vivo para agradar al Señor, o para ser visto, alabado, preferido, en primer lugar? ¿Tengo un corazón ‘bailarín’, que da un paso hacia adelante y uno hacia atrás, ama un poco al Señor y un poco al mundo, o un corazón firme en Dios? ¿Me siento a gusto con mis hipocresías, o lucho por liberar el corazón de la doblez y la falsedad que lo encadenan?”.

    Por ello, subrayó que la cuaresma es también “un éxodo de la esclavitud a la libertad” porque “son cuarenta días que recuerdan los cuarenta años en los que el pueblo de Dios viajó en el desierto para regresar a su tierra de origen”.

    Además, el Papa reconoció que durante el camino “estaba la tentación de añorar las cebollas, de volver atrás, de atarse a los recuerdos del pasado, a algún ídolo”, señaló que “también para nosotros es así: el viaje de regreso a Dios se dificulta por nuestros apegos malsanos, se frena por los lazos seductores de los vicios, de las falsas seguridades del dinero y del aparentar, del lamento victimista que paraliza”.

    El Santo Padre sugirió que “para caminar es necesario desenmascarar estas ilusiones” y para eso ayudan “los viajes de regreso que nos relata la Palabra de Dios”.

    En primer momento, el Papa recordó la parábola del hijo pródigo para señalar que “también para nosotros es tiempo de volver al Padre”.

    Luego, recordó al leproso sanado para indicar que “necesitamos volver a Jesús” ya que “todos tenemos enfermedades espirituales, solos no podemos curarlas; todos tenemos vicios arraigados, solos no podemos extirparlos; todos tenemos miedos que nos paralizan, solos no podemos vencerlos”.

    En tercer lugar, el Papa dijo que también “estamos llamados a volver al Espíritu Santo” por lo que animó “volvamos al Espíritu, Dador de vida, volvamos al Fuego que hace resurgir nuestras cenizas”.

    “Nuestro viaje, entonces, consiste en dejarnos tomar de la mano”, dijo el Santo Padre.

    Finalmente, el Papa alentó a dejarse reconciliar con Dios porque “el camino no se basa en nuestras fuerzas”

    Al término de su homilía, el Papa Francisco bendijo e impuso las cenizas a los Cardenales presentes y él las recibió por parte del arcipreste de la Basílica de San Pedro, el Cardenal Angelo Comastri.

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