Pescadores de aguas profundas - CATOLIN

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Pescadores de aguas profundas
Xalapa, Ver. 13 Jul 20. 19:00 hrs.
Columnista de CATOLIN
Rolando Tobit Bonilla

Mtro. en Mercadotecnia, Lic. en Comunicación, CEO de CATOLIN, rapero católico en dESciende, Fotógrafo...
Hace tiempo que había querido compartir con ustedes -lectores de CATOLIN- estas líneas en mi nueva columna “La Barca en la red” y movido por la gracia del Santo Espíritu he decidido comenzar.

    El nombre elegido pareciese un poco confuso, pero en verdad es bastante simple. La Barca significa la Iglesia y la Red significa Internet. Es decir, hablaremos de la barca que navega en la red, de la Iglesia que Evangeliza en Internet. Profundicemos un poco.

    Uno de los pasajes del Evangelio que me inspiró hace ya algún tiempo para esta columna y en otros temas como canciones, es aquel conocido como “Jesús calma la tempestad” (Mc 4, 35-41). Y de este quisiera reflexionar.

    Desde hace algunos años le he dicho en oración al Señor que yo quiero ser un “Pescador de aguas profundas”, porque en la orilla –Sin ser algo negativo- ya hay muchos (¿o no?). Ser un “Pescador de aguas profundas” implica dejar la seguridad de la orilla, adentrarse a la soledad de las aguas y convivir con las criaturas marinas, las redes muchas veces quedarán pequeñas o parecerán inútiles, en fin, un pescador que “Llegada la tarde, acepte ir a la otra orilla” (Mc 4, 35).

    En el llamado de Pedro y Andrés (Mt. 4, 18-19) descubrimos nuestra nueva profesión: ser “pescadores de hombre”. Se pesca en los mares, lagos y ríos, no en las peceras controladas por el vidrio que hemos comprado y colocadas en la comodidad de nuestros hogares ¿Cuántas veces como cristianos sólo hemos pasado peces de pecera en pecera? Jesús no desprecia los conocimientos y habilidades de los 12 discípulos, sino que estos ahora cobran su verdadero sentido: ser un talento que se ponga al servicio del Reino de los cielos. Al aceptar también nosotros el llamado que Jesús nos ha hecho debemos – de la manera que nos muestre el Espíritu- poner nuestros conocimientos y habilidades al servicio de la evangelización (los cuales no son nuestros) y ser “pescadores de hombres”. En mi caso soy licenciado en comunicación, hago fotografía, compongo rap etc., pero todo esto lo pongo al servicio de Dios (o al menos lo intento). Los cristianos no somos nuestros “títulos profesionales” de lunes a viernes, nuestros gustos en los tiempos libres, ni creyentes una hora los domingos y si bien le va los jueves en la Hora Santa… nooooo, puesto que, el “título” que más nos debe llenar de orgullo es ser bautizados, es ser hijos de Dios y es bajo este, donde todos los demás quedan sometidos. Evangelicemos en todo momento, en el despacho, en la oficina, en el salón de clases, en nuestro hogar, incluso, en nuestros grupos de Iglesia.

    Después de esta introducción comencemos con el Evangelio.

    Aquellos que hemos decidido subirnos en la barca –Por su llamado- que hoy navega también en internet no debemos olvidar lo más impórtate: es Jesús quien la navega, nosotros somos y seremos “Siervos inútiles”, no es que Jesús necesite que le rememos el bote, es su misericordia la que nos permite ayudarle a remar.

    “Las olas se lanzaron sobre la barca, hasta el punto de que ella estaba ya por llenarse” (Mc 4, 37). La tempestad es un hecho, las aguas tranquilas y menos en “mar adentro” no son garantía. La Iglesia que peregrina desde hace más de dos mil años en los cinco continentes y ahora también en el sexto continente, siempre ha sido azotada por las olas, y en unos tiempos ha entrado más o menos agua. En ocasiones pareciera que los cristianos huimos de la ola, como si esto fuera posible. La ola es la consecuencia de embarcar, el cristiano que no la ha experimentado, quizá no ha abordado… Quien no ha encontrado resistencia o ataques por predicar a Cristo muy seguramente no lo está haciendo. Qué cómoda es la escuela, el trabajo,  la vida cuando el “cristiano” no predica a Cristo… pero las olas no son opción, son consecuencia.

    El Evangelio no menciona que a Jesús no le importaba que la barca se hundiera, Él dormía (Mc 4, 38); que no veía por las vidas de sus discípulos, Él dormía; que era indiferente, Él dormía; que no sabía de la enorme tempestad, Él dormía. Él estaba ahí con ellos, en el mismo lugar y en la misma barca ¿No bastaba saber que Él estaba ahí? Cuando las olas nos azoten nos basta saber que Jesús está aquí, en la misma barca que zarpo y Él conduce, o acaso ¿Preferimos saltar al agua? Hay quién sí, ante el primer viento hay quien prefiere saltar a la hostilidad del agua ¿Quién se siente más seguro nadando mar adentro, que arriba de la barca… Su barca?

    ¿No te importa que nos hundamos? (Mc 4, 38); Exclamó al menos uno que muy seguramente intentó primero sacar el agua de la barca con sus fuerzas y al verse rebasado o rebasados despertaron a Jesús. La actitud de los discípulos es entendible, pero Jesús nos invita a algo más que lo entendible, nos invita a confiar cuando confiar parezca imposible, a tener fe cuando tener fe parezca absurdo, a dejarlo dormido cuando lo más lógico pareciera despertarle. Nos basta saber que Él  está aquí, en Su barca, Porque quien navega con el Señor no conoce el naufragio. ¿Creemos en el poder de Dios o sólo nos interesa salir de la tempestad? ¿Creemos en el poder de Dios o creemos más en el poder de la tempestad? Por si faltase aclarar, dejar dormido a Jesús, no implica quedarnos con los brazos cruzados, implica lo que ya decía san Ignacio Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios”.

    El final del pasaje lo conocemos bien, Jesús se despierta y sin mayor espectáculo, simplemente con la autoridad de sus palabras calmó la tempestad. De Jesús más que esperar grandes obras a los ojos de los hombres - ¿Qué mayor que Dios se hiciera hombre, padeciera, muriera y resucitara por nuestros pecados, por amor? - esperemos que cumpla lo que Él mismo ha prometido, esta segunda virtud teologal poco conocida o entendida en la que deberíamos profundizar más. Confiemos que sus palabras tienen poder ayer, hoy y siempre y que sólo una palabra suya basta para sanarnos (Mt 8, 8), basta para calmar toda tempestad. Puede y hace milagros, pero nuestra fe no debe estar puesta en si hace o no el milagro, nuestra fe debe estar puesta en Él, esperamos en Él, lo amamos a Él.

    Finalmente te quiero compartir una oración que el Señor me regaló a principios de año en un retiro, esperando te sirva y la puedas rezar:

Te amo Jesús, puedes contar conmigo,
no quiero bajarme de la barca
y tampoco te quiero despertar,
en ella duerme,
me basta saber que Tú estás aquí.

    Para finalizar quiero recordar que, si logramos permanecer arriba de la barca, si hasta ahora hemos sido pescadores de orilla o de aguas profundas, no es por nuestras fuerzas o por nuestras grandes capacidades para hacer frente a las olas, estamos embarcados por gracia de Dios, porque su mano nos sujeta más fuerte de lo que nosotros podríamos sujetar la suya. Tengamos por seguro que si por nosotros fuera no despertaríamos a Jesús… saltaríamos del bote.

    Hasta la Eternidad.
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