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¡Qué bueno es Dios con nosotros!
Xalapa, Ver. 11 Junio 20. 11:30 hrs.
Columnista de CATOLIN
Alejandra Villegas

Lic. en Geografía., Lic. en Derecho, Jefa del área de redacción y estilo de CATOLIN...

    En toda la historia de la salvación Dios siempre ha sido bueno, inclusive diferentes historias de cristianos perseguidos, de Santos y de la Virgen María, nos hablan del amor tan profundo y tan misericordioso que Dios ha tenido con cada uno, contigo y conmigo.
  
    Hoy precisamente quiero recordarte sobre esa bondad que Dios tiene cada día con nosotros, así es… esa bondad, esa misericordia, ese amor que se esconde y que nos acompaña en la Sagrada Eucaristía.

    El Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 1324 dice que “La Eucaristía es fuente y culmen de toda vida cristiana, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua”. En cada Eucaristía, Cristo sufre el Calvario, muere en la cruz y resucita delante de nuestros ojos. Es un misterio del cual somos testigos. No es un recuerdo del pasado sino algo actual que se renueva en cada altar desde hace siglos. Benedicto XVI lo resume con estas palabras: “La Eucaristía revive la pasión, muerte y resurrección de Cristo”. En ese pan y en ese vino es el mismo Dios el que se hace presente durante la consagración Eucarística realizada por cada sacerdote, se hace presente en un pedazo de pan para alimentar nuestras vidas con su divino amor.

    El beato Carlos de Foucauld comprende muy bien este misterio: “La Eucaristía es Dios con nosotros, es Dios en nosotros, es Dios que se da perennemente a nosotros para amar, adorar, abrazar y poseer”.

    Es sorprendente la gran devoción Eucarística de los cristianos perseguidos, pues ellos a pesar de las dificultades y de grandes riesgos que muchas veces conlleva jugarse la vida, van a la Eucaristía porque perfectamente comprenden que es el alimento de la vida eterna y porque prefieren estar cerca del Amado. San Juan Pablo II dice en la encíclica Ecclesia de Eucharistia: “La Iglesia vive de Eucaristía”, y los cristianos somos esta Iglesia que cada vez que asiste a la Santa Misa puede participar inagotablemente de los frutos del sacrificio del Calvario durante la Celebración y después a lo largo del día.

    En una ocasión leía un libro que decía lo siguiente: “En México expresan su fe en la presencia de Dios en el Sagrario de tal forma que las personas nunca salen del templo de espaldas, hasta que no cruzan la puerta, su mirada está fija en el Santísimo ¡Qué respeto tan digno de imitar!”. Y en efecto, es digno de imitar y espero que esto como cristianos, nunca lo perdamos y hoy más que nunca en estos tiempos tan difíciles y raros que estamos viviendo.

    San Juan Bosco enseñaba a sus alumnos: “El tesoro más grande que se puede hallar en el cielo y en la tierra está en el Sagrario, pues ahí habita el Dueño de todo lo creado”.

    Ciertamente hoy no nos es posible asistir a la Santa Misa, quizás mucho menos al Sagrario, pero CATOLIN te invito a que cuando toda esta situación pase, lo primero que hagas al salir de tu casa sea ir a visitar al Señor y que mejor que después de una confesión, vayas a recibirlo sacramentalmente, te invito a que valores el sacrificio que hace Jesús en cada Celebración Eucarística y a que lo recibas todos los días de tu vida, pensando en el sacrificio que muchos cristianos perseguidos hacen y arriesgan por tan solo recibir el pan de la vida eterna. Mientras tanto sigue recibiéndolo con respeto y con amor espiritualmente desde tu hogar.

    No olvides que Jesús está allí contigo y te espera especialmente en el Santísimo Sacramento, si no le importáramos, no estaría allí en el Sagrario.

    Este jueves celebramos la fiesta de Corpus Christi y el propósito de esta fiesta es recordarnos cuanto se interesa Jesús por nosotros en el Santísimo Sacramento. En el siglo XII nuestro Señor se le apareció a Santa Juliana de Mont Cornillón y le mostró la luna con un pequeño punto negro. Jesús le explicó que la luna representaba el calendario litúrgico y el punto negro representaba el día de la fiesta que faltaba y que quería que se estableciera. El Señor le dijo que, en el transcurso del tiempo, la fe en su presencia real iba a ir declinando. Esto hace referencia a la pregunta que Él hace en el Evangelio cuando dice que si al volver encontrará fe sobre la tierra. Por esta razón Jesús le dijo que era necesario tener una fiesta especial que recordara a todo el mundo su presencia real en el Santísimo Sacramento.

    Santa Juliana le contestó que ya el Jueves Santo estaba dedicado a la Eucaristía, Jesús le respondió que en el Jueves Santo también se celebra la institución del sacerdocio. Él quería un día de fiesta exclusivamente para honrar su presencia real en el Santísimo Sacramento. Y así fue como se estableció la fiesta del Cuerpo de Cristo.

    Te invito a que hoy Jueves Santo día de Corpus Christi le abras tu corazón al Señor, lo recibas espiritualmente, pero sobre todo le des las gracias por este sacrificio de amor que nos recuerda su promesa “Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días hasta la consumación del siglo" (Mateo 28, 20).

    Cada Capilla de Adoración Perpetua es un lugar de difusión del Amor de Jesús, más potente que la mayor central de energía eléctrica en el mundo. Cristo atiende a los que en Él buscan amor, misericordia, refugio y consejo, busquémoslo, que la fe, ese tesoro que tenemos como cristianos no se decline.

    ¿Cuántos de nosotros preferimos morir tomando el Cuerpo de Cristo que quedarnos en casa ante un gran peligro? ¿Cuántos? Una vez más los cristianos perseguidos nos dejan una clara enseñanza que estamos invitados a realizarla con mayor amor, con mayor fe y con mayor convicción cuando tengamos la oportunidad de ir a Misa o de ir al Sagrario.
  
    Entonces así podremos decir incansablemente ¡Qué bueno es Dios con nosotros! Por haberse quedado contigo y conmigo en la Sagrada Eucaristía y decía San Juan María Vianney: “Sabemos que Jesús está allí, en el Sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Esta es la mejor oración”.

    Si después de esta situación que vivimos y en futuras que viviremos seguimos demostrando que creemos en la presencia viva y real de Cristo en la Eucaristía y seguimos trabajando en nuestro testimonio de fe, entonces, nos estaremos preparando para estar dispuestos a ser TESTIGOS AUTÉNTICOS DE LA VERDAD.
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