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Urbi et Orbi impartida por el Papa Francisco
-El papa francisco concede indulgencia plenaria a Roma y al mundo entero a causa del coronavirus.

Por: Astrid Cabrera
CATOLIN
Papa Francisco. Foto tomado de: captura de Vatican New

Xalapa, Ver. 30 Mar 20. 12:00 Hrs.- (CATOLIN).- El Papa Francisco impartió la bendición Urbi et Orbi, con la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria, después de haber orado ante el Santísimo Sacramento por el fin de la pandemia del COVID-19, este viernes 27 de marzo.

    La oración que comenzó con la lectura del pasaje del Evangelio de San Marcos (4, 35-41) que relata el momento en el que Jesús calma la tormenta en el mar de Galilea, luego de ser despertado por los apóstoles que lo acompañaban en la barca, fue presidida por el Santo Padre desde el atrio de la Basílica de San Pedro, en medio de la lluvia y ante una plaza vacía, debido a las medidas de seguridad que se han dispuesto para superar la emergencia sanitaria.

    Antes de la lectura del Evangelio, el Papa Francisco expresó: “Dios omnipotente y misericordioso, mira nuestra dolorosa condición: conforta a tus hijos y abre nuestros corazones a la esperanza, para que sintamos en medio de nosotros tu presencia de Padre”.
 
    Añadió que: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad”.
 
    “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe? Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa.”
 
    Señaló que en estos días y ante la epidemia del coronavirus “densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas”.
 
    “Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.
 
    “Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: Despierta, Señor ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe? Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, volved a mí de todo corazón.”
 
    El Santo Padre exhortó a “tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento del juicio de Dios, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”.
 
    Posteriormente, reconoció a todas aquellas personas que, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida: “médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos, pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo; es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas”.
 
    “El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza”, mencionó.
 
    Alentó a abrazar la cruz de Cristo, ya que en ella “hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza”.
 
    Finalmente, en el momento de la bendición expresó: “Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios”. En la bendición estuvo presente el ícono mariano de la Salus Populi Romani (Salud del pueblo romano), ante el que rezó hace unos días, y el Cristo milagroso de San Marcelo, ante el cual también rezó por el fin de la pandemia.
 
    El Papa realizó la bendición a Roma y al mundo, mientras las campanas sonaron y la policía activó sus sirenas. Tras la bendición se procedió a las aclamaciones al Señor, la Virgen María y San José; y se llevó a cabo la reserva del Santísimo en la Basílica.
 
    En la bendición estuvo presente el ícono mariano de la Salus Populi Romani (Salud del pueblo romano), ante el que rezó hace unos días, y el Cristo milagroso de San Marcelo, ante el cual también rezó por el fin de la pandemia.
 
    La bendición Urbi et Orbi fue trasmita por diferentes plataformas digitales, ante esto el Cardenal Angelo Comastri dijo: “El Santo Padre Francisco, a todos aquellos que reciben la bendición eucarística, también por medio de la radio, la televisión y de otras tecnologías de comunicación, concede la indulgencia plenaria en la forma establecida por la Iglesia”.

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