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Y por... ¿Dónde empezamos?
La misión de la famlia: Custodiar, Revelar y Comunicar

Xalapa, Ver. 1 Mar 19. 14:20 hrs.
"Muéstrame oh Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad" (Salmo 25, 4-5).

    Empecemos retomando estas palabras que nos dan una pauta y que son parte ACTIVA de la misión de la familia: Custodiar, Revelar y Comunicar. Estas palabras son verbos, es decir; acciones que nos hacen ver que en la familia el amor se custodia, se revela y se comunica. Por tanto, en una acción se requiere: Disposición, Tiempo y Cambio de Mentalidad.

    “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

    Venimos de una cultura que, de modo implícito, nos ha formado para la individualidad: “Mi bienestar” “Mi descanso” “Mis intereses” “Mi forma de ser”... emprender la aventura de la familia hacia la misión propuesta implica un cambio de cultura familiar.

• ¡Un nuevo ambiente interno donde los miembros aprendan a disfrutarse, a convivir juntos, a trabajar juntos... a sostenerse en las adversidades!

    No importa si en casa somos dos o diez, importa cambiar las viejas costumbres como: "Quejarse de todo, criticar, competir, hacer comparaciones, falta de comunicación…" etc. Importa pasar del “yo” al “nosotros” de la “independencia” a la “interdependencia”. Si esto no sucede llevamos el riesgo de ser en vez de una familia, "dos, cinco o diez" viviendo juntos, cada uno en sus intereses personales.

    Este es un camino poco transitado, pero algo es seguro, ¡No hay camino con mayor alegría y satisfacción!

    “El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo" (1ª. Corintios 13, 4-7).
    
    Yo sé que las agendas son diferentes y muchas veces no coinciden, pero pasar del “yo” al nosotros implica modificar la agenda y eso implica amar. El “yo” interno acostumbrado al egoísmo te dice: “Acabó el trabajo y deseo llegar a ver las noticias y descansar”. Sin embargo… ¡Ahí está la familia! y tal vez, dentro de ella uno o más miembros con una vivencia especial que desean compartir y si no aprovechas este momento, la comunicación, la consolidación de los lazos y la confianza, no se dará.

Modificar la agenda es morir y experientar la dulzura del cansancio, de tus proyectos pospuestos, de la sonrisa de tus hijos o de tu pareja.
 
    Ajustar la agenda, no es “protestar”, “poner cara”, o decir “ya que”, no es echar en cara como si hicieras un favor... modificar la agenda es morir y experimentar la dulzura del cansancio, de tus proyectos pospuestos, de la sonrisa de tus hijos o de tu pareja. Los espacios de comunicación varían con la edad de los hijos, pero son maravillosos.

    Nosotros hacíamos reuniones familiares y ahora que los hijos son jóvenes, el placer de salir a tomar un café para platicar es frecuente. Cuando modificas tu agenda, al principio duele… sí, pero con el paso del tiempo se logran los lazos de interdependencia y se da, de modo natural una agenda común en la que la familia coincide y disfruta.
    Si cada miembro de la familia, tiene ese espacio en el hogar, será difícil que necesite el exterior para llenar sus necesidades afectivas. Así que podemos dar un primer paso concreto:

Modificar la agenda personal, para incluir la agenda de la familia

    Y ¿Qué miembro de la familia merece el primer lugar en ese tiempo que cederé para hacer vida esa misión familiar?

    El miembro más importante sin duda de los que viven en tu hogar, es Dios. Porque Él es la amalgama perfecta para unir las almas. Porque en su amor se hizo hombre y como tal, llevó su agenda de tal modo, que vivió para anunciar el Reino, para curar enfermos, consolar afligidos y sobre todo vivió para entregar su vida, por ti y por cada miembro de tu familia.

    Así que piensa en que momento de esos que son “tuyos”, vas a ceder con convicción y con amor para dialogar con Jesús, escucharle, pedirle su Santo Espíritu y poner en sus manos tu intención de ajustar la agenda... Te aseguro que el soplo de su Espíritu te va a ayudar.
 
    Te lo aseguro porque Dios te ama profundamente, ama a tus hijos, a tus padres, a tu familia, Dios te dio el soplo de vida por amor, Él es el miembro dentro de tu familia que ama a todos con un amor incondicional que nunca acabará.

    “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).

    Primero es el tiempo para Él y de ahí su luz te mostrará como continuar... Puedes invitar a tu familia a hacer una pequeña oración para pedir a Dios su luz y protección y rezar un “Padre Nuestro”, pasar un rato a visitar al Santísimo Sacramento en alguna Iglesia y de rodillas presentarle a tu familia y decirle que Él es también parte de ella... que le abren la puerta y le conceden un espacio permanente en su hogar, pueden asistir el domingo a la Santa Eucaristía, escuchar con atención el mensaje de las lecturas del día, si están en condiciones de comulgar, recibir al Señor y abrazarse para orar juntos como familia, si no pueden comulgar, recibánlo espiritualmente y oren, pueden leer cada día un capítulo de los evangelios o comprar el misal y leer el evangelio del día… entre muchas cosas más que Dios les mostrará para que lo hagan parte de la familia.

    ¡Ánimo, en el nombre del Señor y con la ayuda de la Virgen Santísima te garantizo que encontrarás grandes tesoros escondidos, "ahí", dentro de tu  hogar, que no conocías!
Columnista de CATOLIN
María de los Angeles Vega

Maestra de Educación Especial, Psicoterapeuta, Directora del Equipo de Teatro de la Nueva Jerusalén...

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